La Latina más allá de la Cava Baja: rincones tranquilos y secretos medievales
- Carmen
- hace 1 día
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Foto de portada: Jose Ruales, en Unsplash.
Cuando la Cava Baja se queda pequeña
Si le has preguntado a alguien por dónde tapear en Madrid, seguro que te han mandado directos a la Cava Baja. Y con razón: es una de las calles con más bares por metro cuadrado de la ciudad. Pero un viernes por la noche, con las terrazas desbordando hacia la calzada, es fácil olvidar que la Cava Baja es solo una arteria de un barrio mucho más grande.
La Latina es, en realidad, el núcleo urbano más antiguo de Madrid. Bajo el asfalto de sus plazas duermen los cimientos de la antigua alcazaba islámica, y sus calles todavía dibujan el trazado irregular y empinado de la Madrid medieval — la misma que recorrimos en nuestra guía sobre De Mayrit a la Corte de los Austrias —, muy anterior a las avenidas rectas de los Austrias o los ensanches del XIX.
A dos manzanas de la Cava Baja, el ruido baja de golpe. Aparecen plazuelas con nombre de santo, una capilla plateresca del siglo XVI, un tramo de muralla cristiana escondido entre patios de vecinos y una taberna centenaria donde el bacalao rebozado sigue siendo el mismo desde hace más de cien años.
Esta guía traza un paseo por esa Latina paralela: la que no sale en las fotos de Instagram con jarra de cerveza en primer plano, pero que explica por qué el barrio se llama como se llama y por qué, mucho antes de que existiera el tapeo tal y como lo conocemos, esta ya era la Madrid de verdad.
💡 Dato Curioso: el barrio no se llama La Latina por casualidad geográfica, sino por una mujer. Beatriz Galindo (1465-1535), nacida en Salamanca, fue tutora de latín de la reina Isabel la Católica y de sus hijas — un dominio del latín excepcional para una mujer de su época, que le valió el apodo de "la Latina". Con su fortuna fundó hospitales y conventos en la zona, y uno de esos hospitales terminó dando nombre a todo el barrio.
Puerta Cerrada: una cruz, un lema y unas paredes que hablan
El paseo arranca justo donde termina la Cava Baja, en la Plaza de Puerta Cerrada. El nombre no es casualidad: aquí se alzaba una de las puertas del recinto amurallado medieval, derribada ya en 1569 porque estorbaba al tráfico de la ciudad.
En el centro de esta plaza irregular y peatonal se levanta una cruz de piedra, cuya versión actual data de 1783. A su alrededor, varias fachadas conservan unos murales pintados en 1983 por el artista Alberto Corazón, encargados para vestir unos paramentos que habían quedado a la vista tras varias demoliciones cercanas.
Uno de esos murales reproduce el viejo lema heráldico de Madrid: "Fui sobre agua edificada, mis muros de fuego son... esta es mi insignia y mi blasón". Pocos turistas se paran a leerlo, pero resume en una frase toda la mitología fundacional de la ciudad.
Si buscas el arte urbano más contemporáneo y de mayor formato, la referencia real de Madrid está un poco más al este, en Lavapiés — tenemos una guía dedicada a ese street art de Lavapiés y La Latina que merece la pena si ese es tu plan. Dentro de La Latina, en cambio, el atractivo está más en estos detalles históricos que en el mural de gran formato.
Desde aquí, con el Palacio Arzobispal asomando cerca, ya se intuye la silueta de la Colegiata de San Isidro. Es un buen punto de partida porque, en apenas cien metros, has pasado de una calle de bares abarrotada a una plaza casi vacía donde el Madrid medieval sigue muy presente.
Cómo llegar: dos minutos a pie desde la propia Cava Baja o desde la boca de Metro La Latina (línea 5).
Qué buscar: los murales de Corazón en las fachadas laterales y la inscripción del lema en piedra.
Mejor momento: por la mañana, cuando la plaza está prácticamente vacía y la luz entra de lleno.
Plaza de la Paja: el antiguo mercado que se convirtió en jardín
Subiendo por la Costanilla de San Andrés —una cuesta pronunciada que, según cuenta la tradición, Alfonso VI recorrió a caballo en el siglo XI tras la conquista de Madrid— se llega a la Plaza de la Paja.
Cuesta creerlo hoy, con sus bancos de piedra y su escultura de bronce de un hombre leyendo el periódico, pero entre los siglos XIII y XIV esta era la gran plaza del mercado de Madrid, el auténtico centro cívico de la villa. Perdió protagonismo en el siglo XV, cuando el rey Juan II impulsó la Plaza del Arrabal —la que con el tiempo se convertiría en la Plaza Mayor—, pero siguió siendo zona residencial noble durante siglos.
Su forma irregular y en pendiente no es un capricho urbanístico: se debe al antiguo arroyo de San Pedro, que corría por aquí antes de ser desviado y cubierto.
En el lateral de la plaza se esconde uno de los secretos mejor guardados de La Latina: la Capilla del Obispo, construida entre 1520 y 1535 por encargo de la familia Vargas para custodiar los restos de San Isidro Labrador. Su fachada plateresca da paso a un interior que transita del gótico al renacimiento, con las cimentaciones del antiguo convento visibles a través del suelo de cristal. Estuvo cerrada al público durante décadas y solo reabrió tras una larga restauración en 2010.
Justo al lado, en el extremo norte de la plaza, se abre el Jardín del Príncipe de Anglona: un jardín aristocrático del siglo XVIII, uno de los pocos que sobreviven en Madrid con esa fisonomía original, y de entrada gratuita todos los días.
📌 Tip Local: el Jardín del Príncipe de Anglona tiene bancos a la sombra y casi nunca hay cola para entrar. Es uno de los pocos rincones de todo el centro de Madrid donde puedes sentarte quince minutos sin que nadie intente venderte nada ni hacerte una foto de recuerdo.
Plaza de San Andrés y Plaza de los Carros: el museo que nadie busca
Pegada a la Plaza de la Paja está la Plaza de San Andrés, delimitada por la Plaza del Humilladero, la Plaza de los Carros, la calle del Almendro y la Costanilla de San Pedro. Fue, durante siglos, el cementerio de la parroquia de San Andrés —de hecho, ya aparece mencionada en el fuero de Madrid de 1202— y se peatonalizó en los años noventa.
En uno de sus laterales se levanta el antiguo Palacio de los Condes de Paredes, que hoy alberga el Museo de San Isidro. Los Orígenes de Madrid, dedicado a la arqueología y la prehistoria de la ciudad. La entrada es gratuita y, entre semana, es habitual tenerlo casi para ti solo.
Justo al lado se encuentra la Iglesia de San Andrés, que iba a ser en origen el lugar de enterramiento definitivo de San Isidro —de ahí la Capilla del Obispo, construida junto a ella con ese propósito—, aunque finalmente los restos del santo acabaron en la Colegiata. Si visitas Madrid a mediados de mayo, este es también uno de los mejores rincones para entender la devoción detrás de las Fiestas de San Isidro, que llenan la ciudad de chulapos y chulapas cada 15 de mayo.
Un paso más allá, la Plaza de los Carros conserva su nombre de cuando era parada de carros y transportes que entraban en la ciudad. Hoy es una plaza tranquila y muy residencial, con algún banco a la sombra, donde los vecinos del barrio pasean al perro sin cruzarse con un solo grupo turístico.
Museo de San Isidro: entrada gratuita, ideal para una parada de 30-40 minutos.
Plaza de San Andrés e Iglesia: el mejor lugar del recorrido para entender de un vistazo toda la leyenda de San Isidro.
Plaza de los Carros: parada corta, perfecta para sentarse un momento antes de seguir hacia el Alamillo.
La Plaza del Alamillo y la antigua Morería: el Madrid que fue árabe
Desde la Plaza de los Carros, callejeando hacia el oeste, se llega a uno de los rincones más fotogénicos y menos conocidos de todo el centro: la diminuta Plaza del Alamillo, donde confluyen cuatro calles estrechas —Alamillo, Morería, Toro y Alfonso VI— entre fachadas inclinadas por el paso de los siglos.
Aquí tuvo su sede el alamín, el tribunal que administraba justicia en el antiguo barrio moro de Madrid. Hay quien defiende, en cambio, que el nombre viene simplemente de un álamo que un día derribó una tormenta. Cerca se encuentra el histórico Colegio de San Ildefonso, cuyos alumnos son los niños que cada 22 de diciembre cantan los números del Sorteo de Navidad por televisión.
Esta plaza forma parte de lo que fue el barrio de la Morería: la zona donde, tras la conquista cristiana de Madrid en 1085 por Alfonso VI, se confinó a la población musulmana que permaneció en la ciudad. Fueron precisamente los alarifes —maestros de obra musulmanes— quienes levantaron algunas de las infraestructuras más importantes del Madrid medieval, como la propia Plaza de la Cebada, el Hospital de la Latina o el Puente de Segovia.
Tras los decretos de conversión forzosa de 1502, el barrio se transformó en zona de "cristianos nuevos", y dos antiguas mezquitas se convirtieron en las actuales iglesias de San Andrés y San Pedro el Viejo —esta última conserva todavía su torre de origen mudéjar—. Calles estrechas como Caños Viejos, Cuesta de los Ciegos o Calle del Granado mantienen, casi intacto, el trazado de aquella Morería original, dividida entonces en Morería Vieja (cerca del Campillo de las Vistillas) y Morería Nueva.
💡 Dato Curioso: buena parte de la identidad urbana de la antigua Morería se perdió a mediados del siglo XIX, cuando la construcción del Viaducto de Segovia y la ampliación de la calle de Bailén partieron literalmente el barrio en dos.
La muralla escondida de la calle del Almendro
Pocos turistas —y, siendo honestos, pocos madrileños— saben que en pleno corazón de La Latina se conserva un tramo original de la muralla cristiana de Madrid del siglo XII. Está en la calle del Almendro, 15-17, dentro de un pequeño jardín llamado Jardín El Almendro, y es de acceso gratuito.
El fragmento mide unos 16 metros de largo y 6 de alto, y formaba parte de la cerca defensiva que unía la antigua Puerta de Moros con la Puerta Cerrada. Se construyó después del reinado de Alfonso VI y estaba prácticamente terminada hacia 1212, año de la batalla de las Navas de Tolosa.
El muro permaneció oculto durante siglos, integrado en construcciones posteriores, hasta que apareció por sorpresa en 1967, durante unas obras de derribo. Tras su restauración, se habilitó este pequeño jardín para que pueda visitarse sin coste. Un segundo tramo de la misma muralla puede verse, algo más discreto, desde la calle de los Mancebos.
Justo al lado, en el número 13 de la misma calle, resiste desde 1993 la Taberna Almendro 13, una taberna de aire andaluz especializada en huevos rotos con jamón, berenjenas fritas con salmorejo y roscas rellenas de jamón — el tipo de sitio donde comer de pie, con el codo apoyado en la barra, sigue siendo la norma.
Muralla cristiana / Jardín El Almendro: Calle del Almendro, 15-17. Gratuito, sin horario fijo publicado — mejor visitarlo de día.
Metro más cercano: La Latina (línea 5), a menos de cinco minutos andando.
De propina: un segundo tramo de muralla, más discreto, es visible desde la calle de los Mancebos.
Tapeo tranquilo: bares fuera de la Cava Baja
No hace falta renunciar al tapeo para escapar de las multitudes — solo hay que caminar dos calles más allá de la Cava Baja. Estos son algunos de los sitios que hemos podido verificar y que siguen abiertos hoy:
Bar | Dirección | Especialidad |
Taberna Almendro 13 | Calle del Almendro, 13 | Huevos rotos con jamón, berenjenas con salmorejo |
Alto Bardero | Plaza de Puerta de Moros, 4 | Pincho de tortilla de patatas (herederos de la mítica Juana la Loca) |
El Buo | Calle del Humilladero, 4 | Tortillas de patata rellenas (jamón, queso, champiñón) |
El Viajero | Plaza de la Cebada, 11 | Terraza en azotea con vistas a San Francisco el Grande |
Casa Revuelta | Calle de Latoneros, 3 | Tajada de bacalao rebozado, taberna centenaria |
Alto Bardero merece una mención aparte: ocupa el local de la legendaria Juana la Loca, cerrada en abril de 2024 tras años siendo sinónimo del mejor pincho de tortilla de Madrid. Sus antiguos cocineros, León Bonasso y Pablo Paternostro, reabrieron el mismo espacio pocos meses después bajo este nuevo nombre, recuperando la receta de la tortilla junto con una carta más amplia.
📌 Tip Local: en Alto Bardero, la tortilla se limita a unas 45 raciones al día y suele agotarse antes de las ocho de la tarde los fines de semana. Si quieres probarla, ve pronto o pregunta al llegar cuántas quedan.
Casa Revuelta, por su parte, está ya en el límite norte del barrio, casi lindando con el Madrid de los Austrias — pero merece el pequeño desvío solo por sus tajadas de bacalao, que llevan sirviéndose igual desde hace más de cien años, casi siempre con cola en la puerta.
Si después de tapear todavía te queda hambre, La Latina también es buena zona para sentarte a comer un cocido madrileño completo — puedes leer toda su historia y dónde encontrarlo en nuestra guía del cocido madrileño.
Las Vistillas y San Francisco el Grande: el mejor atardecer del barrio
El paseo termina, como no podía ser de otra manera, con vistas. Los Jardines de San Francisco —también conocidos como la Dalieda de San Francisco— rodean la Basílica de San Francisco el Grande, un templo del siglo XVIII que presume de una de las cúpulas más grandes de la cristiandad y que guarda en su interior un cuadro de Goya.
El jardín se plantó originalmente con dalias en 2007, aunque más tarde se sustituyeron por rosales, mejor adaptados al clima seco de Madrid. Entre los parterres se esconde el grupo escultórico El sueño de San Isidro, y desde los miradores del jardín se abren vistas hacia el oeste de la ciudad.
Muy cerca, subiendo unos metros, están los Jardines de las Vistillas: un mirador elevado con panorámicas de la Catedral de la Almudena, la Casa de Campo y el Campo del Moro. En agosto es el escenario tradicional de las verbenas madrileñas, con chotis incluido, pero el resto del año es, sencillamente, uno de los mejores sitios de Madrid para ver caer el sol con una caña en la mano.
Justo debajo discurre el Viaducto de Segovia, de los años treinta del siglo pasado, con unos 23 metros de altura y unas barreras de metacrilato instaladas en 1998. Pedro Almodóvar lo ha usado como escenario en varias películas, entre ellas Matador y Tacones lejanos.
Mejor momento: atardecer, evitando el mes de agosto si buscas tranquilidad (por las verbenas).
Qué llevar: algo para picar y una manta o cojín si piensas sentarte directamente en el césped.
Vistas garantizadas:Almudena, Casa de Campo, Campo del Moro.
Cómo recorrer estos rincones: ruta y consejos prácticos
Todos estos lugares están lo bastante cerca entre sí como para recorrerlos a pie en una sola mañana o tarde, sin prisa y con paradas para tapear. Esta es una ruta lógica de norte a sur:
Parada | Qué ver | Tiempo aprox. |
1. Plaza de Puerta Cerrada | Cruz de piedra, murales de Alberto Corazón | 10 min |
2. Plaza de la Paja | Capilla del Obispo, Jardín del Príncipe de Anglona | 30 min |
3. Plaza de San Andrés | Museo de San Isidro | 30-40 min |
4. Plaza de los Carros | Parada tranquila | 10 min |
5. Plaza del Alamillo | Callejeo por la antigua Morería | 15 min |
6. Calle del Almendro | Muralla cristiana, Taberna Almendro 13 | 20 min |
7. Plaza de Puerta de Moros | Tapeo en Alto Bardero | 30 min |
8. San Francisco el Grande / Las Vistillas | Jardines y atardecer | 30-45 min |
Metro La Latina (línea 5): la estación más práctica, en pleno centro del recorrido.
Metro Puerta de Toledo (línea 5): buena opción para terminar la ruta hacia el sur.
Metro Tirso de Molina (línea 1): punto de entrada alternativo desde el noreste.
Mejor momento para ir: entre semana por la mañana o a primera hora de la tarde, cuando Cava Baja todavía está tranquila. Los domingos, el barrio se llena de gente que baja al Rastro; si prefieres calma, hazlo después de las 15:00, cuando el mercadillo ya ha cerrado.
El Rastro, de paso: este mismo barrio linda con el mercadillo dominical más famoso de Madrid, que se instala cada domingo entre las 9:00 y las 15:00 a lo largo de la Ribera de Curtidores, calle que debe su nombre a los antiguos curtidores de pieles del barrio. No hace falta planificarlo aparte: si haces esta ruta un domingo por la mañana, lo tienes al lado — tienes todos los detalles en nuestra guía completa de El Rastro.
Preguntas frecuentes sobre La Latina más allá de la Cava Baja
¿Es seguro pasear por estas calles? Sí, es una de las zonas más transitadas y vigiladas del centro de Madrid, tanto de día como de noche, aunque como en cualquier zona turística conviene vigilar los objetos de valor en las horas de más afluencia.
¿Es una ruta apta para ir con niños? Sí, es toda llana o con pendientes suaves salvo la Costanilla de San Andrés, y los jardines (Anglona, San Francisco, Vistillas) son buenos sitios para que corran un rato.
¿Hace falta reservar en los bares? En locales pequeños como Alto Bardero o Taberna Almendro 13 no se suele reservar, pero conviene llegar pronto los fines de semana si quieres encontrar sitio en la barra.
¿Cuánto se tarda en hacer todo el recorrido? Contando las paradas para tapear, entre tres y cuatro horas con calma. Si solo dispones de una mañana, puedes quedarte con Puerta Cerrada, Plaza de la Paja y la muralla de la calle del Almendro, y dejar Las Vistillas para otro día con más tiempo al atardecer.
¿Está bien conectado en transporte público? Sí. Toda la ruta se mueve entre las bocas de Metro La Latina, Puerta de Toledo y Tirso de Molina (todas en un radio de diez minutos a pie entre sí), y varias líneas de autobús de la EMT paran en los bordes del barrio, en Calle de Toledo y Calle de Bailén — conviene consultar la app de la EMT para la línea exacta según desde dónde vengas.
Un barrio que se merece más de una visita
Cava Baja seguirá siendo, con toda razón, la postal más conocida de La Latina. Pero el barrio que la rodea guarda una capilla plateresca escondida en una esquina, un trozo de muralla del siglo XII entre patios de vecinos, una plaza que fue mercado antes de que existiera la Plaza Mayor, y un mirador donde Madrid entero se pone naranja al atardecer.
La próxima vez que quedes en Cava Baja, llega media hora antes. Ese margen es todo lo que necesitas para descubrir la otra Latina — la tranquila, la medieval, la que no sale en las fotos, pero que explica de dónde viene todo lo demás.
🚶 ¿Prefieres recorrerlo en persona? Nuestro City Walking Tour por el Madrid de los Austrias pasea precisamente por estas calles tranquilas y sus rincones escondidos, con un guía local que te cuenta la historia detrás de cada plaza.




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